jueves, 18 de agosto de 2011


Punto de Vista
Mario Tassías

Si la predicción llegara a cumplirse, entraríamos en una etapa de la superficialidad. La reflexión, la concentración, la meditación y la contemplación del mundo serían partes de un pasado que creció, y evoluciona a híper velocidades. Tanta rapidez marea.
Por eso, preguntas que parecieran sin sentido, adquieren signos de preocupación. ¿Google nos vuelve estúpidos? ¿Realmente Internet nos está volviendo superficiales? ¿Estamos sacrificando nuestra capacidad para leer y pensar con profundidad? ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales (Taurus Pensamiento, 344 Páginas, 2011) es un libro en donde Nicholas Carr desarrolla "… argumentos para crear el más revelador análisis de las consecuencias intelectuales y culturales de Internet publicado hasta la fecha".
Nuestro cerebro, como demuestran las evidencias científicas e históricas, cambia en respuesta a nuestras experiencias, y la tecnología que usamos para encontrar, almacenar y compartir información, puede literalmente, alterar nuestros procesos neuronales. Además, cada tecnología de la información conlleva una ética intelectual. Así como el libro impreso servía para centrar nuestra atención, fomentando el pensamiento profundo y creativo, Internet fomenta el picoteo rápido y distraído de pequeños fragmentos de información de muchas fuentes. Su ética es una ética industrial, de la velocidad y la eficiencia.
En su ensayo, Carr manifiesta que cada vez nos distraemos más. La facilidad con la que tenemos acceso a millones de datos, trastocan los sentidos y en nuestro cerebro se genera angustia ante tanto material, difícil y a veces imposible de asimilar. Se está olvidando el hábito de la lectura. Aquella que exigía la reflexión, permitía la concentración, la meditación, el repaso diría alguien, la contemplación del mundo. El navegante de internet, no lee, rastrea, explora, indaga, escudriña, persigue y eso no permite el análisis. El acceso es inmediato, pero se ha perdido el enfoque.
"La Red nos está reconfigurando a su propia imagen, volviéndonos más hábiles para manejar y ojear superficialmente la información pero menos capaces de concentración, contemplación y reflexión" dice el autor.
En el primer capítulo del texto se lee. En 1964, justo cuando los Beatles preparaban su invasión del espectro radiofónico estadounidense, Marshall McLuhan publicó "Comprender los medios de comunicación: las extensiones del ser humano" y se transformó de académico desconocido a estrella. Profético, aforístico y alucinante, el libro era un producto perfecto de los años sesenta, esa década ya distante de viajes lisérgicos y expediciones lunares, de viajes interiores y exteriores. Comprender los medios de comunicación fue en realidad una profecía, y lo que profetizaba era la disolución de la mente lineal.
McLuhan declaraba que los "medios eléctricos" del siglo -teléfono, radio, cine, televisión-estaban resquebrajando la tiranía del texto sobre nuestros pensamientos y sentidos. Nuestras mentes aisladas y fragmentadas, encerradas durante siglos en la lectura privada de páginas impresas, se estaban completando de nuevo, fusionándose en el equivalente global de una aldea tribal. Estábamos acercándonos a "la simulación tecnológica de la consciencia, cuando el proceso creativo de conocer será extendido colectiva y corporativamente a la totalidad de la sociedad humana".
¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales, retoma el hilo que soltó con mucha astucia McLuhan y jala la hebra para que aquellos entumecidos, sordos, ciegos y mudos, hijos de la tecnología Gutenberg reaccionen ante una nueva amenaza que intimida con dejarlos en la superficialidad o peor aún en el limbo de la confrontación de ideas.
Los entusiastas, alaban el torrente de contenido nuevo que libera la tecnología, es una señal de "democratización" de la cultura. Los escépticos, condenan la pobreza del contenido, es una señal de "decadencia". El Edén abundante de una parte es la inmensa tierra baldía de la otra. Internet ha sido el último medio en suscitar este debate.
El libro ahí está como un reto o como un manual que motiva a la acción. "Es una nueva era dorada de acceso y participación" o "una nueva era oscura de mediocridad y narcisismo".

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